





“¿De qué te disfrazás?
y ella contesta:
De feliz.
Pero esconde dos lentejuelas
negras detrás del antifaz”
María Alicia Dillon
A J.
/Alfa/
Spinetta se filtra con sus vibratos
en el ovillo en que ronroneo una tristeza
sin subrayado ni mayúsculas;
las letras se escurren por los poros
de los auriculares
de Spinetta
y los míos
Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo
“Ojalá entendás.
No me queda más que ojalear”
El mail no tiene remitente.
Respondo lo mismo:
No tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo
Spinetta eclipsa su voz,
se acomoda en las esquina con pelusas de los finales.
El buzón de entrada indica
ahora
una respuesta a mi mail.
“Entonces, nene ,ya concluyó”
Supe recordar que una vez me tiré de un tobogán
y mamá se distrajo,
caí sobre un colchón de arena que terminé disfrutando.
También
aquella ocasión que conté por primera vez los números
del boleto de un colectivo:
Diecinueve
1+9=10
“J”
JAVIER, silbé a mi amiga
“Estúpido. Es la inicial de con quien vas a estar”
Quien avisa no traiciona,
y la estupidez puede ser la voz de Tiresias.
Selecciono esa dirección como correo no deseado.
Aritméticamente,
el número de la bandeja va en aumento.
Un único Asunto:
la repetición confiesa una falta
A veces mi memoria zigzaguea
en sintonía con el tono caprichoso del Flaco.
/Omega/
Entre un punto del Norte y Córdoba hay
12 hs
un número de kilómetros que por cábala no se puede nombrar
una traición y un reproche.
(Era como el éxodo de Belgrano
-creo que recordó una imagen en Anteojitos-
también ellos incineraban lo que dejaban a las espaldas)
¿Cómo se ingresa a una ciudad?
Sencillo,
no se puede.
Siempre se está al frente del cartel:
“Bienvenidos a Córdoba”
Apenas llegados bajan en plena Terminal,
y el nene pregunta a vendedor ambulante de praliné:
¿Vendés Praliné?
-No, lo regalo.
El nene estira la mano, suplicante
con una sonrisa que satura el número de kilómetros prohibidos.
Madre tira del sweater al hijo,
trata de explicarle
¿Cómo se ingresa a una ciudad?
(Era como cuando descreyó de Papá Noel
también ahí fantaseó ver a sus juguetes cortándose las venas)
Y ahora,
en la Terminal de nuevo,
él despide a J. :
Entre un punto de Córdoba y otro punto de Córdoba hay
dos nombres
y
un salto.
Él piensa despedirla,
Ella piensa despedirlo.
J. estira la palma de su mano abierta:
-¿Querés que te dé la mano?
-No, quiero que me choqués los cinco
Él siente como un roce invisible en la manga de su pulóver,
un remolino de plumas pestañea en sus córneas.
Al fin y al cabo,
lo que cuesta en el doble sentido
es el primero:
el guiño de la desnudez
¿Cómo se ingresa a una ciudad?
¿Cómo se ingresa en otro cuerpo?
Sencillo,
no se pude.
A lo sumo, es un perpetuo sitio.