"Escucha casi sin hablar, escucha por amor al mundo, por deseo de saber, por concavidad; también, a pesar suyo, por piedad- no puede no haberla cuando se recibe la pasión sin sentirla a su vez."
Diego Tatián Lugar sin pájaros
A la sonrisa de gato de alicia en el país de las maravillas, destello al otro lado de la frontera.
Saltar
La cuestión
-casi susurrando confesás-
no es sólo saltar
sino a dónde.
Saltar
a una nada de rostro difuso
a la cuenca de una palma en terbopol.
Saltar al otro
mientras el otro
salta hacia uno.
Y
chocar,
y encajarse a la fuerza como
piezas de puzzles distintos.
Saltar,
el a dónde
es posterior
es algo que siempre se descubre en el aire.
/2/
Saltar
Pero
-¿acaso lo decías tiritando
con temor de plumaje arrasado?-
hay que incitar al otro a saltar.
Porque sino la valentía no es nada,
nada de nada.
Sería feo saltar para caer en el mismo piso de siempre.
Feo, feo.
Saltar.
Rodillas flexionadas
la membrana ya futuro imperfecto,
sin vueltas
sin rewind que valga.
El otro es inconmensurable
un mp4
con libro de instrucción en arameo:
el otro no es programable.
Saltar
no es tranquila caminata por peatonal
hacia un lugar de encuentro
agendado por dos.
Es
siempre
choque aleatorio
violencia de los encuentros por intuición.
Saltar
sin cartas de invitación
rodillas flexionadas
y tensos los abdominales de la imaginación.
Saltar
es
siempre
ya de por sí la incitación al otro.
/3/
Tengo miedo
a qué mentir
si pudiera
te arrancaría
la lengua
para cubrirme como cuando chica:
hacer de tu lengua mi frazada
y espiar por entre ella
¿Saltar, decís?
/4/
Clavadista olímpico.
Se arroja desde el trampolín
piruetas geométricamente imperfectas.
Cae a la piscina,
sin agua.
Sale de la misma,
húmedo.
Eso
Ocaso de cierto saber.

